Un
día, el dramaturgo americano
John Pielmeier leyó en
un periódico la noticia
de que un bebé había
sido encontrado asesinado en
la celda de una monja y, aunque
el hecho en sí no llamó
especialmente su atención,
se sintió conmovido por
las posibilidades de reflexión
que suscitaba. Comenzó
a escribir "Agnes de Dios"
espoleado por las preguntas
de si existen los santos en
el mundo de hoy y si son posibles
los milagros en una sociedad
marcada por el laicismo más
rotundo.
Lo
que más me interesó
al leer el texto original, fue
la complejidad de la relación
que se establece entre dos mujeres
que, procediendo de una misma
educación católica,
han seguido en la vida caminos
opuestos. La Doctora Livingstone
ha abandonado la religión,
mientras que la madre Miriam
la ha reencontrado en su madurez.
La obra plantea el enfrentamiento
entre el racionalismo y la fe.
Las protagonistas de "Agnes
de Dios" encarnan aparentemente
esas dos maneras de enfocar
el drama generado por el alumbramiento
de un bebé en el convento
y su posterior asesinato. Pero
a medida que las vamos conociendo,
descubrimos que la seguridad
agnóstica de la psiquiatra
zozobra en medio de sus más
íntimas dudas y que la
madre Miriam es en cambio una
mujer con los pies en el suelo,
tal vez mucho más racional
que su antagonista. La doctora
Livingstone es una mujer seria,
más sentimental de lo
que ella cree, pero vive en
una perpetua tensión
y en lucha consigo misma. La
madre Miriam es, por el contrario
una mujer risueña, irónica,
manipuladora y tal vez ha llegado
a la fe como una última
agarradera que la libera del
mundo, el demonio y la carne.
A una y a otra, el terrible
suceso provocado por la inocencia
y el delirio de la novicia les
afecta de tal manera que remueve
los débiles cimientos
de sus creencias. De esa contradicción
en que se mueven estos dos personajes
surge a veces un atisbo de humor,
un elemento sin el cual me es
imposible trabajar.
Pensé
que tras el éxito de
"La calumnia" , "Agnes
de Dios" era un texto idóneo
para Cristina Higueras y Fiorella
Faltoyano. Y meditando sobre
esa posibilidad - y aderezando
mis cavilaciones con esa pizca
de humor que me es imprescindible
- llegué a la conclusión
de que hay mucho de la psiquiatra
cabal y tenaz, apasionada por
la empresa que se trae entre
manos, en Cristina Higueras,
y mucho de la monja mundana,
sarcástica y de exquisita
educación, pero secretamente
dolorida, en Fiorella Faltoyano.
Así es que les propuse
a mis amigas esta segunda aventura
en el proceloso asunto de la
religión y el agnosticismo
y ellas, tan buenas actrices,
tan ejemplares empresarias,
me han encargado la versión
y la dirección de "Agnes
de Dios”. Me he permitido
una versión bastante
libre que acerca más
la obra a mi propia visión
de los problemas planteados
por Pielmeier.
Hemos
contado esta vez con la colaboración
de la joven actriz Ruth Salas
que imprime al personaje de
Agnes la suavidad, la dulzura
y la ingenuidad que Agnes requiere.
Artiñano, siempre imaginativo,
siempre sagaz, ha creado un
espacio escénico minimalista
y a la vez expresivo, que permite
que la peculiar estructura de
la obra se desarrolle con ligereza.
Fernando
Méndez-Leite