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Los
tubos permiten ahorrar energía
pues consumen una quinta parte que las
lámparas tradicionales, y duran
8 veces más, por lo que su uso
es relevante a la hora de disminuir
los efectos que provocan las fuentes
de energía que usan combustibles
fósiles. Pero estos tubos están
compuestos por ciertas sustancias que
pueden provocar daño al ambiente,
en particular el mercurio, cadmio y
plomo.
Otras
lámparas como las de sodio, también
contienen mercurio aunque en menor medida.
Un tubo fluorescente contiene suficiente
mercurio como para contaminar 30.000
litros de agua.
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