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Desde
1995, cada 16 de septiembre
se celebra el Día Internacional
para la Preservación de la
Capa de Ozono. Organismos
internacionales, científicos
y ecologistas aprovechan la
fecha para recordarle al mundo
que este escudo natural, indispensable
para la vida en la Tierra,
sigue siendo muy vulnerable.
Cuando, en 1985, tres investigadores
británicos descubrieron que
la capa de ozono sobre la
Antártida presentaba un adelgazamiento
fuera de lo común saltaron
las alarmas. Y no era para
menos. Porque el ozono que
existe entre los 20 y los
50 kilómetros sobre el planeta,
en la estratosfera, es nuestra
única protección frente a
las peligrosas radiaciones
ultravioletas emitidas por
el sol.
En
los seres humanos, el exceso
de estas radiaciones aumenta
el riesgo de sufrir cáncer
de piel, cataratas, depresión
del sistema inmunológico y
otras patologías relacionadas
con alteraciones en el ADN.
De hecho, sin la protección
del ozono, toda la vida en
el planeta está amenazada:
los rayos ultravioleta B (UV-B)
también dañan a los animales,
disminuyen la producción de
fitoplancton -elemento básico
de la cadena alimenticia en
el mar- y retrasan el crecimiento
de las plantas, con peligrosas
consecuencias para la agricultura.
Por eso,
nada más descubrirse el agujero
en la capa de ozono, el mundo
se puso manos a la obra. Ese
mismo año, la Convención de
Viena propuso la adopción
de medidas voluntarias para
reducir las emisiones de sustancias
destructoras del ozono, cuya
identidad ya se conocía gracias
a los trabajos de Rowland
y Molina. En 1974, estos dos
científicos habían vinculado
la disminución del nivel de
ozono con la emisión a la
atmósfera de clorofluorocarbonos
(CFC), gases que se utilizaban,
desde los años 30, en multitud
de aplicaciones: circuitos
de refrigeración de neveras
y aire acondicionado, propelentes
para lacas y otros aerosoles,
disolventes, etcétera.
En 1987,
la capa de ozono era ya la
mitad de espesa que en 1970.
Fue entonces cuando los gobiernos
reconocieron la necesidad
de tomar medidas enérgicas.
El 16 de septiembre se firmó
en Montreal (Canadá) el protocolo
del mismo nombre, que establecía
un calendario de reducción
y eliminación progresiva en
la producción y consumo de
CFC y halones, gases utilizados
en los extintores, que también
destruían el ozono.
Desde los
años 70, la reducción mundial
de la capa de ozono ha sido,
aproximadamente, de un 6%
cada 10 años. Hasta principios
de los años 90, la superficie
terrestre afectada por el
agujero aumentó de manera
constante hasta alcanzar los
20 millones de kilómetros
cuadrados. Desde entonces,
ha oscilado entre los 20 y
los 29 millones de kilómetros
cuadrados. En 2001, el área
fue de unos 25 millones. Hace
apenas dos meses, Mario Molina,
Premio Nóbel de Química en
1995, por sus descubrimientos
sobre los efectos de los CFC
sobre el ozono, declaraba
que el agujero de ozono parece
haberse estabilizado, pero
que no empezará a disminuir
hasta dentro de unos 20 años.
Tanto él como otros expertos
calculan que la capa no estará
regenerada hasta 2050, siempre
que se cumplan los acuerdos
internacionales.
Y eso que,
gracias al Protocolo de Montreal,
entre 1987 y 1999 la producción
de CFC y la de halones ya
se había reducido en un 87%.
Lo que ocurre es que en la
destrucción de la capa de
ozono participan otras sustancias,
como los HCFC, sustitutos
provisionales de los CFC,
o el bromuro de metilo, utilizado
como plaguicida desde los
años 30. Estos compuestos
están sujetos a calendarios
de reducción y eliminación,
pero seguirán emitiéndose
durante algunos años más.
Por otra parte, como señala
Molina, los CFC pueden permanecer
en el medio ambiente varias
décadas, y algunos de ellos
casi un siglo. Los efectos
que en la capa de ozono vemos
hoy en día son debidos a los
compuestos emitidos hace uno,
cinco, 10 o 15 años. Además,
los CFC siguen utilizándose
en países en vías de desarrollo,
a los que el Protocolo de
Montreal ha ampliado el plazo
para su eliminación hasta
el año 2010.
También
tú puedes contribuir a la
regeneración de la capa de
ozono. Desde 1995, en España
está prohibida la fabricación
y comercialización de productos
con CFC, pero es posible que
tu frigorífico o tu climatizador
fuera fabricado antes de esa
fecha; o que el aire acondicionado
de tu viejo coche funcione
con CFC. Si es así, asegúrate
de que no se producen fugas
de gas. Y si necesitas rellenar
los circuitos, exige que sea
con CFC reciclados.
Si vas
a comprar un frigorífico,
asegúrate que es un aparato
Greenfreeze, es decir, que
utiliza como refrigerantes
hidrocarburos naturales -propano,
isobutano o ciclopentano-.
Para comprobarlo, basta mirar
en el compresor situado en
la parte trasera: si lleva
escrito R-600a es Greenfreeze;
si pone R-12 o R-134a, no
lo es. En España, la mayoría
de los aparatos de aire acondicionado
domésticos todavía funcionan
con el refrigerante HCFC R-22,
aunque la situación está empezando
a cambiar. De momento, la
solución menos mala son los
aparatos que funcionan con
hidrofluorocarbonos (HFC),
como el R-407 o el R-410,
refrigerantes libres de cloro:
no destruyen la capa de ozono,
pero contribuyen al cambio
climático. Y asegúrate de
depositar los aparatos viejos
en un Punto Limpio -pregunta
en tu ayuntamiento-, para
que los CFC que contienen
puedan ser eliminados correctamente
por un gestor de residuos
autorizado.
¿Sabías
que& ?
- El récord de superficie
afectada por el agujero de
ozono se alcanzó el 12 de
septiembre de 2000: 29 millones
de kilómetros cuadrados, más
de 57 veces la superficie
de España. El valor más bajo
de ozono en el Polo Sur, 86
unidades Dobson (UD), se registró
el 12 de octubre de 1993.
La medida debe ser 460 UD.
- El bromuro de metilo es
en la actualidad responsable
de un cinco a un 10% de la
pérdida de ozono. El bromo
que contiene es 50 veces más
perjudicial para la capa de
ozono que el cloro de los
CFC.
- España consume cada año
4.238 toneladas de bromuro
de metilo, el 5,6% del total
mundial. Aunque un informe
técnico del Protocolo de Montreal
sostiene que actualmente existen
alternativas para un 90% de
los usos de esta sustancia,
la Administración española,
sostiene que es insustituible
en los cultivos de fresón,
tomate y pimientos.
- El Protocolo de Montreal
ha sido revisado en cuatro
ocasiones. La última lista
de sustancias destructoras
del ozono incluye ya 96 compuestos.
Desde 1987, ha sido ratificado
por 186 países.
Paula
Arroyo.
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