Escrita por María de Zayas hacia 1630, fue su única comedia. Toda la acción es un enredo que transcurre en la Corte a lo largo de tres actos. La falta de información sobre la vida y obra de la autora nos hace desconocer si se llegó a montar alguna vez. Parece ser que no.
      Marcia es seducida por Liseo, sin saber que éste ha dejado a Laura por hastío. En cuanto Laura, totalmente despechada se lo hace saber a Marcia, ésta decide entonces renegar de su amor, pide ayuda a su prima Belisa para idear un plan perfecto (la firma de una carta) y lograr con éste que Liseo vuelva a los brazos de Laura. 
 

 
      Mientras esto sucede, Fenisa, que entiende el amor como un galanteo coI1stante, donde no hay que decantarse por un solo pretendiente, sino gozar con todos y cada uno de los que aceptan el cortejo, se esfuerza por conquistar a Liseo ya todo el que se preste.

      Así queda marcado el enredo: Liseo en el centro de una tela de araña tejida por Fenisa, Belisa, Marcia y Laura. Vista la trama y si nos dejamos llevar por la amplia mayoría femenina dispuesta a solucionar la cuestión, todo parece indicar que, en caso de que haya una víctima, ésta será Liseo. Pues no es así. En realidad, la única que sale mal parada es Fenisa. El resto de las mujeres, que se consideraban sus amigas, no le perdonan lo sucedido con Liseo y con el resto de los galanes.

      Al final, todas terminan encontrando pareja, menos Fenisa que, rechazada y castigada por la indiferencia general, ha de conformarse con vivir su promiscuidad en solitario.

      Ellas crean las acciones, las provocan y las viven a su antojo. Se quedan Con lo que les gusta y desechan lo que les impide ser felices. Son libres a la hora de decidir qué hacer o no frente a una pena de amor o una conquista. Los hombres intervienen, claro está, pero quedan relegados a un segundo plano, inevitable, nunca triste. Su participación es prácticamente pasiva, porque dependen de lo que se planteen y les planteen las damas, que actúan con el desparpajo que da dejar fluir sus pensamientos sin más.

      La Traición en la amistad supone un antes y un después -y no es un tópico- en el concepto de comedia de enredo que se venía ofreciendo en el Siglo de Oro, donde, ocurriera lo que ocurriera, al final, todos acababan tan contentos. El vengador, vengado, y los enamorados, juntos. Algo de eso hay en La traición en la amistad; María de Zayas no pretende empezar de cero, sino que, amoldándose a los gustos populares, realiza los matices pertinentes-impertinentes (en el siglo XVIII la Inquisición prohibió reeditar sus novelas) para dar una vuelta de tuerca a lo "políticamente correcto". No es habitual encontrarse con un cierre como el de La traición en la amistad, frío y calculado por las tres amigas, ese castigo por el que Fenisa tiene que pagar por no tener escrúpulos, por ser como es: una zorra desvergonzada.
       

 

 



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