CJuan Manuel Cifuentes habla sobre......
El Montaje.... El Juglar del Cid
El Juglar del Cid es un espectáculo pensado para conmemorar el centenario de la publicación del Cantar del mío Cid. De una manera divertida, amena y mordaz se pretende dar un repaso a la historia de España, apoyándonos en una realidad que aunque lejana en el tiempo puede establecer paralelismos actuales, con aquella de los reinos de Taifa. Una sociedad complicada, en donde convivían y rivalizaban todo tipo de sociedades, culturas y credos. Una España que dividida, convivía en paz, hasta que algún señor feudal decidía enemistarse con algún vecino ya fuese cristiano, musulmán, judío…todos contra todos y un pueblo sumiso que respondía ante los caprichos del gran señor feudal. Los encargados de documentar aquella época, los juglares.

        El juglar es un ser múltiple: es un músico, un poeta, un actor, un saltimbanqui; es una especie de intendente de placeres que vive en las cortes de reyes y príncipes; es un vagabundo errante que monta espectáculos en las aldeas; es el vihuelista que por los caminos va cantando gestas a los peregrinos; es el charlatán que entretiene a las gentes en la encrucijada; es el autor y el protagonista de las chanzas que se cuentan los días de fiesta a la salida de la iglesia; es el maestro que hace que los jóvenes salten y bailen; es el tamborero, el trompero y el gaitero que marca el paso en las procesiones; es el narrador, el cantor que anima festines, bodas y vigilias; es el jinete que da volteretas sobre el caballo; el acróbata que baila parándose de manos, el que juega con cuchillos, el que atraviesa los círculos a la carrera, el que escupe fuego, el que se retuerce como un contorsionista; es el que canta o hace el mimo; el bufón que hace muecas y suelta necedades; todo esto es el juglar, y algo más.

 
       
Es curioso que todas las gestas del gran Rodrigo Díaz de Vivar fuesen cantadas y contadas por todos los lugares de aquella España. Como si alguien hubiese querido que se documentara cada hazaña de este generoso guerrero. Su función social se encontraba entre las más singulares y extravagantes de los días medievales. Comprendía a finos instrumentistas, diestros malabaristas y agudos poetas. Y también a aventureros sin oficio ni beneficio que alternaban sus exhibiciones musicales con los hurtos en plazas y tabernas. Sin embargo, por encima de todo, los juglares fueron transmisores de cultura fundamentales durante la Edad Media: difundían técnicas musicales y poéticas, noticias, acontecimientos sociales y vivencias personales en un mundo de gentes analfabetas e impregnadas de tradición oral. No resulta fácil hacerse una idea precisa sobre los juglares. Ni siquiera encontramos consenso entre los estudiosos modernos. Los Padres de la Iglesia se referían a ellos con voces de la antigüedad romana: les llamaban con desprecio mimi o histriones, con voces de gentes de baja estofa dedicados a espectáculos indecentes. El término juglar deriva del latín joculator, que a su vez está relacionado con jocus (juego). El vocablo aparece en el concilio de Cartago del 436 y se difunde durante la Edad Media, designando categorías sociales y culturales con frecuencia muy distintas. Instrumentistas y juglares acudían a la corte aragonesa procedentes de las principales naciones de Europa: Francia, Italia, Inglaterra, Escocia, Portugal, Bohemia. Estos músicos se reunían para compartir conocimientos, sobre todo por Cuaresma, época en que no podían ejercer su oficio (al igual que las prostitutas). El intercambio de experiencias era intensísimo. Escribe Juan I el Músico al marqués de Villena que nuestros instrumentistas han enseñado por orden nuestra seis nuevas canciones a los vuestros. Y cuando nuestros instrumentistas, que acuden ahora a las escuelas, vuelvan, enviadnos a los vuestros con el fin de que enseñen otras tantas a los nuestros.
Estos hombres, siempre errantes, eran el vehículo principal de la poesía medieval en las distintas lenguas europeas (provenzal, francés, castellano, gallego, catalán, italiano, inglés, alemán). En realidad los grandes señores, encomendaban a los juglares la divulgación de todas sus hazañas. De este espíritu de juego, danza, música , de tolerancia queremos partir para hacer un repaso a la historia de España, de las recurridas realidades históricas, para que recordemos, aprendamos y disfrutemos con nuestra historia.
Mio Çid Ruy Diaz por Burgos entrava,
en su compaña lx. pendones levava.
Exien lo ver mugieres e varones,
burgeses e burgesas por las finiestras son,
plorando de los ojos tanto avien el dolor.
De las sus bocas todos dizian una razon:
"¡Dios, que buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!"

 

 



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