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Chinchilla había
sufrido los
efectos desastrosos
de la guerra
civil comenzada
doce años
atrás
1476-1480, la
rebelión
contra el que
fuera su señor,
Diego López
Pacheco, Marqués
de Villena,
duró
cuatro años.
La victoria
del bando que
apoyó
a la reina Isabel
de Castilla,
selló
un pacto con
el marqués
y trajo la anhelada
paz, que lejos
de conseguir
beneficios para
la ciudad, frustró
todas las esperanzas
que este concejo
había
puesto en los
reyes para restaurar
las viejas libertades.
Tras sacudirse
Chinchilla el
yugo señorial,
mediante un
costoso sacrificio
económico
y humano, quedó
dentro de la
corona, pero
los monarcas
incumplieron
sus promesas;
la población
dividida en
banderías
o cuadrillas,
se vio empobrecida,
quedando destruida.
La oligarquía
local vencida,
se había
visto perjudicada
económicamente,
y la vencedora,
obtendría
altos cargos
apoyados por
los monarcas
quienes, para
mantener las
necesidades
del nuevo estado
moderno, presionaban
con una dura
política
fiscal y levas
de soldados,
para mantener
las lanzas de
la Hermandad,
y así
continuar las
campañas
contra el reino
nazarí.
El pueblo llano,
acostumbrado
a ser gobernado,
asistía
a la pugna por
el poder por
parte de las
diferentes facciones
del patriciado
chinchillano.
Las minorías
étnicas
marginadas,
judíos
y conversos,
vivían
intimidadas,
afectadas por
la intolerancia
racial y religiosa,
que se iba extendiendo
con la Inquisición.
Y los mudéjares,
ya muy escasos,
abrumados por
los impuestos,
acabarían
por huir al
reino de Granada.
El viaje de
los reyes, requeridos
por asuntos
de Estado a
Valladolid,
concedía
una magnífica
oportunidad
a los concejos
para obtener
un juramento
de sus privilegios
y exenciones,
acelerando los
trámites
burocráticos
de la Corte
y Chancillería
Real. Chinchilla
así aprovechó
la llegada a
la ciudad, el
día seis
de agosto de
1488, para obtener
de los Reyes
el juramento
de que nunca
enajenarían
la ciudad de
la Corona, guardando
sus privilegios,
franquezas y
mercedes concedidos
por sus antecesores
y por ellos
mismos, que
les permitía
obtener beneficios
económicos
por el libre
comercio con
el reino de
Valencia, Aragón
y Murcia.
| Salieron
a recibirlos
a la
Puerta
Herrada
de
la
ciudad
el
gobernador
de
las
villas
del
marquesado
y Justicia
Mayor
de
la
ciudad,
Ruy
Gómez
de
Ayala
y,
por
parte
del
concejo,
los
alcaldes
Pedro
Núñez
y Juan
del
Peral,
acompañados
de
los
regidores
Pedro
Gascón,
Fernando
de
Arboleda,
Blasco
de
Valdeganga,
Juan
de
Teruel
el
Mozo
y Pedro
Románn
junto
con
el
alguacil,
Pedro
Sánchez
de
Belmonte,
y el
jurado
Alfonso
de
Requena.
Cómo
escribanos
públicos,
estuvieron
presentes
Sancho
Martínez
Gascón
y Fernán
López
del
Castillo.
Asistieron
como
testigos,
destacados
miembros
de
la
oligarquía
chinchillana,
Marco
de
Navalón,
Benito
Ruiz
de
La
Almarcha,
el
clérigo
Diego
de
Albarracín,
el
cura
Suero
de
Pallarés,
y un
recién
llegado,
Juan
de
Barrionuevo.
Curiosamente
todos
ellos
pertenecientes
a una
bandería
o afección;
la
mitad
al
bando
marquesino,
beneficiado
de
un
indulto
general
concedido
por
los
reyes
tras
el
final
de
la
guerra,
y el
resto,
los
que
apoyaron
a las
tropas
reales. |
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 |
El
chinchillano
Pedro Sánchez
Belmonte,
alguacil
de la ciudad,
letrado
y miembro
del Consejo
Real, oidor
de la Chancillería
y Juez
Ejecutor
de la Hermandad
Provincial
de Murcia,
acostumbrado
a tratar
en la Corte
temas del
concejo,
tomó la
palabra
y expuso
a los monarcas
el grado
de empobrecimiento
en que
se encontraba
la ciudad
por el
apoyo a
su causa,
y les pidió juramento
de respeto
sobre los
privilegios
de la misma.
El rey
contestó escuetamente
que así se
haría,
y así lo
juraron.
Tras la
Jura se
dirigieron
bajo palio,
portado
por los
regidores,
hacia la
Iglesia
de Santa
María,
donde fueron
recibidos
por una
procesión
de clérigos
y religiosos,
e hicieron
oración.
Todo el
camino
desde la
entrada
de la Puerta
Herrada
hasta la
Iglesia
fue alfombrado
con juncos
traídos
desde el
Salobral,
hojas de
laurel,
tomillo
y romero.
Los monarcas
hicieron noche
en la morada
del regidor
Pedro Gascón,
donde los aposentadores
reales dispusieron
su alojamiento
y el de su Corte.
A la mañana
siguiente asistieron
a una reunión
formal concejil
acompañados
de sus consejeros,
y por la tarde,
tras la llegada
del cortejo
del príncipe
don Juan y de
las cuatro infantas
Isabel, Juana,
María
y Catalina quienes
fueron recibidos
con gran júbilo,
asistieron a
los actos organizados
para su visita,
desde la Cámara
de Santa María
hoy el Ayuntamiento,
desde donde
disfrutaron
de una corrida
de toros,
danzas y
festejos.
Tras este acto,
Chinchilla regresó
a la dura realidad
social y económica,
impuestos, levas,
manejos políticos
de la oligarquía,
lucha contra
la Audiencia
y Chancillería
para mantener
intactos los
privilegios
y ordenanzas
de la ciudad,
el autoritarismo
y abuso de los
representantes
de la Corona,
gobernadores
y corregidores,
y el despoblamiento,
que durante
estos doce años
le había
hecho perder
la mitad de
sus habitantes
en beneficio
del crecimiento
y desarrollo
de Albacete,
donde en tiempos
de paz era más
económico
vivir, ya que
no se tenía
que pagar para
mantener reparadas
las magníficas
murallas de
Chinchilla,
tan necesarias
en época
de guerra.
Esta visita
supuso para
la ciudad, el
paso definitivo
de una sociedad
y política
de carácter
medieval, a
la integración
en la Monarquía
Autoritaria
moderna implantada
por los Reyes
Católicos.
Pese a la solemnidad
del ceremonial
que representó
detener a los
reyes ante la
Puerta Herrada
de la ciudad
y no entregarles
“las llaves”,
hasta no haberles
forzado el respeto
por los privilegios
y demandas expuestas,
como fiel reflejo
del orgullo
heredado comunal
de los concejos
del señorío
de Villena,
no supuso más
que la última
manifestación
del ideal utópico
medieval, en
que existía
un pacto, respetado
hasta sus últimas
consecuencias,
entre los ciudadanos
y su gobernante.
Esta expresión
de la comunidad,
se había
adelantado en
Chinchilla treinta
años
a los alzamientos
de “comuneros”
en Castilla,
siendo la salvaguardia
de lo común
el carácter
más destacable
de los pueblos
del marquesado,
como el elemento
socio-político
que caracterizó
a la sociedad
chinchillana
desde época
de don Juan
Manuel.
Jura de los
Privilegios
y Fueros en
la muy Noble
y Leal ciudad
de Chinchilla
de Montearagón
por los Reyes
Católicos
Nuestras Majestades,
Don Fernando
y Doña
Isabel. Personajes
y protocolo
extraídos
del Libro Capitular
Chinchilla 1426-1526,
folio 146. Libro
de Becerro de
Chinchilla de
Montearagón,
signatura
AHPAb 4494).
Plácida
Ballesteros
Campos
Joaquín
Molina Cantos
U.N.E.D. Albacete
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