El argumento
sitúa
a Doña
Mencía
en el centro
de la representación.
No corresponde
al apasionado
amor que siente
por ella el
hermano del
Rey. Es entregada
en matrimonio
a Don Gutierre.
El regreso del
infante colocará
a todos los
personajes en
el disparadero,
en una rueda
de vida y muerte
impulsada por
la locura de
los celos.
Algarabía
Teatro ha contado
para la puesta
en escena con
la colaboración
de un cuerpo
de música
y baile, formado
por Lola Maya
(bailaora),
Melchor Chico
de Mairena (guitarra)
y Juan Antonio
Suárez
(percusión).
En el reparto
figuran Víctor
Criado, Amalia
Hornero, Moncho
Sánchez-Diezma,
Borja Rodríguez,
David Bueno,
Darío
Galo, Susana
Sucena, Daiana
Vozmediano y
Lola Rivas.
Hay en
EL MéDICO
DE SU HONRA
, más
que suficientes
atractivos que
impulsan a su
desarrollo creativo
para mostrarlos
en la escena.
El primer impulso
llega desde
la contundencia
dramatúrgica
del autor y
que se empareja
en interés
con la situación
que plantea
el conflicto.
Claro y directo.
Las posibilidades
de investigación,
de trabajo de
creación,
de texto y subtexto,
vistos con los
ojos de ahora,
con la oportunidad
de poder contar
y ofrecer, en
plena libertad,
una propuesta
personal, son
infinitas. No
es preciso actualizar,
Calderón
es clásico
porque es actual.
Los ilimitados
márgenes
del poder, el
honor por encima
de la dignidad,
quién
determina dónde
empieza y concluye
el mismo; la
vida y la muerte
en un vaivén
continuo impulsado
por el terrible
proceso de los
celos. El azar
que distribuye
y, en definitiva,
dirige el destino.
Y el sur como
latido y una
época
cercana, un
siglo más
atrás,
y atardeceres
en la mayor
anchura del
Guadalquivir
para romper
los límites
de la caja escénica
a golpe del
bordón
o la prima de
una guitarra;
romper paredes
de la primera
a la cuarta
y fundir emociones,
ojo en ojo,
piel con piel
y aliento con
aliento.
Encerrados por
propia voluntad
en el templo,
los unos y los
otros, en una
liturgia que
nos proyecte
al interior
del drama tan
tremendo que
el autor nos
ofrece para
que nos impulse
al trasiego
diario con otra
sensación,
la de haber
compartido algo
que nos circunda
en lo cotidiano:
la inutilidad
del poder cuando
se ejerce olvidando
la dignidad
de las personas
y se marca dónde
empiezan y terminan
las causas con
intereses personales
y, sin duda,
espúreos.
Isidro Rodríguez
Gallardo
Director de
escena
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