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La
iglesia
de San
Justo,
constituida
en los
arrabales
sur
de Segovia
y declarada
Bien
de Interés
Cultural
en 1996,
además
de poseer
un extraordinario
conjunto
de pinturas
murales
de época
románica,
ha sido
tradicionalmente
conocida
por
guardar
en su
interior
la imagen
del
Cristo
de los
Gascones.
Se trata
de una
curiosa
escultura
románica
realizada
en madera
policromada,
con
brazos
articulados,
y que
según
la tradición
trajeron
viajeros
gascones
sobre
una
yegua
ciega
que
murió
repentinamente
en las
puertas
de la
iglesia.
Seguramente,
el origen
de la
leyenda
conecta
con
el hecho
histórico
de la
repoblación
de Segovia,
que
comienza
en el
siglo
XI,
para
alcanzar
su auge
en tiempos
de Alfonso
VIII
(1158-1214),
momento
de prosperidad
económica
que
se corresponde
con
la construcción
de gran
número
de iglesias
románicas. |
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El
Cristo
de los
Gascones,
pertenece
al modelo
iconográfico
que
toma
sus
referentes
de las
tradiciones
centroeuropeas
que
conmemoraban
el ciclo
de Pasión.
Eran
figuras
articuladas,
construidas
expresamente
para
ser
utilizadas
en ceremonias
litúrgicas
de Semana
Santa,
que
a su
vez
están
imbricadas
en los
orígenes
mismos
del
teatro
medieval.
La ceremonia
fundamental
entre
todas
ellas,
era
la que
recordaba
su entierro
y posterior
resurrección
a través
del
rito
conocido
como
Depositio-
Elevatio-
Visitatio,
recogido
en el
Liber
Ordinarius
de Essen.
En España
los
antecedentes
más
remotos
nos
acercan
hasta
tierras
del
viejo
reino
de Mallorca
a finales
del
s XIII,
pero
hubo
que
esperar
hasta
los
dos
siglos
siguientes
para
que
el rito
se extendiera
por
Cataluña
y Valencia,
y en
mucha
menor
medida
por
Castilla.
La tradición
continúa
viva
en numerosísimos
lugares
a lo
largo
de la
geografía
española,
como
Bercianos
de Aliste
en Zamora
o Villavicencio
de los
Caballeros,
en la
provincia
de Valladolid.
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Con bastante
probabilidad,
el Cristo conservado
en San Justo
fue utilizado
en este tipo
de ceremonias,
si no se talló
específicamente
para ello. La
articulación
de los hombros
y brazos, permitiría
descenderlo
de la bóveda
del presbiterio,
donde aún
hoy son visibles
los orificios
que servían
para colgar
la figura, depositándolo
en un sepulcro
que se mostraría
vacío
como prueba
irrefutable
de su Resurrección.
La primera referencia
documental que
describe la
procesión
del Cristo de
los Gascones,
aparece en el
“Libro
Inventario de
la Cofradía”,
y está
fechada el 12
de abril de
1628. Existen
además
numerosos testimonios
conservados
acerca de procesiones
realizadas con
la que fuera
la imagen más
venerada de
Segovia, a la
que acudían
en rogativa
la Ciudad, la
Tierra y el
Cabildo de la
Catedral en
casos de grave
calamidad pública
(sequía,
hambre, peste,
guerras o temporales...).
Sin embargo
sólo
ha llegado hasta
nosotros un
testimonio que
remita a una
ceremonia puramente
teatral, en
los términos
que especificábamos:
“En esta
çiudad
hay una calle
que nonbramos
Cal de Gascos.
Esta calle poblaron
gascones y dellos
tomó
el nonbre. Eran
obligados a
representar
cada año
la pasión
de Nuestro Señor.”2
Éste
documento, lejos
de arrojar una
luz clarificadora
sobre el tema
que tratamos,
suscita aún
más dudas
sobre su porqué,
cómo,
y cuando. Lo
que sí
parece claro,
es que en la
iglesia de San
Justo en Segovia,
se desarrolló
una de esas
ceremonias,
que explican
en cierta medida
el nacimiento
del teatro moderno,
ya que desde
la perspectiva
actual, parecen
reproducir los
diversos componentes
del espectáculo
teatral: el
texto entendido
como una prefiguración
del libreto,
los actuantes
como actores,
el espacio como
escenario, la
decoración
como atrezzo
y la comunidad
como público.
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