YO SOY CHINCHILLA DE MONTEARAGÓN

 
por Plácida V. Ballesteros Campos y Joaquín Molina Cantos




       Os hablaré de mí:


       Dice la leyenda que me fundó Hércules Lívico, cuando pasaba por estos lares, marcando el camino hacia Cádiz. Por mis campos y en mi sierra abundaban venados, corzos, jabalíes, perdices y, sobre todo una especie salvajina de yeguas cenizosas llamadas encebras. En mi término, guardo numerosos restos neolíticos y sobre todo del Bronce Medio manchego, en mis famosas morras y morrones. Estrabón, me ubicó en la Oróspeda en la que habitaban oretanos, batestanos y deítanos en época ibérica (s.V al I a.C.), dentro del campo espartario del cual puede derivar mi sobrenombre "monte-arrago o monte-espartario". El arte de la cultura Ibérica me ha legado el importantísimo enterramiento turriforme de Pozo Moro. Mi romanización no fue violenta, incluso me eligieron como el lugar idóneo para el descanso de las legiones romanas, como "mansión", dándome el nombre de Saltigi o Saltici, como lo demuestran los Vasos de Vicarello, nombre que se me concedió por la abundancia de saltígrados ó saltamontes en mis campos. Con los romanos empecé a disfrutar de las ventajas del Imperio, aunque no tanto como mi vecina Libisosa o Segóbriga, pero mi enclave con respecto a la costa y al interior, fue muy importante, me convertí en la más famosa "Encrucijada de Caminos de la antigüedad", de toda La Mancha.
  
       Así comencé a madurar, pero vinieron a habitarme con el paso del tiempo, un pueblo bárbaro, los visigodos (s. V- VII), que me sumergió en una época oscura y de estancamiento junto a la mayor parte del territorio manchego, a excepción de Toledo; suevos, vándalos y alanos saquearon mi comarca hasta la llegada del Islam.
 
       Como musulmana, fui una ciudad aglutinante. Junto con mi población aborigen convivieron muladíes (hispano-visigodos convertidos al islam), bereberes arabizados, judíos y mozárabes ( cristianos tolerados por los musulmanes mayoritarios). Fui medina (ciudad) de mediano tamaño y capital de un iqlim ( distrito ), en la Cora de Tudmir, los Omeyas me conquistaron allá por el año 929, concediéndome un período de paz, prosperidad económica y esplendor cultural. Recordad mis famosas alfombras, mis inexpugnables murallas que guardaban mi alcázar, mi mezquita y mi principal puerta, la "herrada" de estilo califal del siglo XI, ya casi inexistente.
 
       Grandes cronistas, geógrafos y tratadistas como AI-Edrisi, AI-Udri (de origen almeriense), Yaqut, AI-Himyari, me alabaron y ensalzaron como cuna de ilustres hombres de letras. juristas y estudiosos de la tradición coránica. entre los que destacaría a Abu Utmán Al- Yinyali "el chinchillano", discípulo de Maimónides y de Ibn Midray. En estos siglos, me denominaron "Cinxella ", "Cencilia", "Yinyila", "Ghenghalet", y algún nombre más.
 
       En mis tierras murió SaifAI-Dawla Ibn Hud '.Zafadola", caudillo musulmán aliado de los cristianos y tras su muerte, en mi territorio se originó un período de tropelías, siendo desde este momento la más avanzada medina musulmana. Serví como prisión y destierro de rebeldes contra los almohades murcianos. Así comencé a ser frontera con los cristianos, cambiando de manos de forma constante; hasta que en 1242, el Comendador mayor de Uclés, Pelayo Pérez Correa, bajo las órdenes del Infante don Alfonso, me recuperó para los cristianos, en tiempos de don Fernando III "el santo".
Mi población musulmana me abandonaría, perdiendo mi interés económico y conservando una reducida guarnición cristiana gobernada por un teniente de la familia de los Guzmán. Tras el alzamiento de los mudéjares murcianos en 1265, el rey don Alfonso X vio la necesidad de reorganizar La Mancha de Montearagón con centro en mí.
A partir de esta fecha, me concederán exenciones y privilegios para facilitar el comercio y la ganadería. Fue en el año 1266, cuando entré a formar parte de la Diócesis de Cartagena; mi antigua mezquita y alcázar se convirtieron en la Ermita de Santa Catalina (actual Convento de Santa Ana, OP.) y en la Iglesia parroquial mudéjar de El Salvador, hoy San Julián mártir, naciendo por estos días una pujante comunidad judía muy vinculada a Murcia, a su almojarifes ya las aljamas de Elche, época en la que mis 'baños" que por entonces tenía Carrasca, aparecen documentalmente, por lo que mi sinagoga no estaría muy lejana.
 
       En 1282, el rey don Sancho, me concedió como premio a su tío don Manuel, así dejé de ser realenga y pasé al Señor de Villena, quien favorecerá mi repoblación y reactivación económica; la familia judía de los Loxits, pasaran a engrandecer mi aljama. En 1283, muere mi señor don Manuel y hasta 1294, con tan solo 12 años de edad, don Juan Manuel no asumirá el cargo de adelantado de Murcia, ratificando mis privilegios y fueros.
 
       Esta época de prosperidad, me convirtió en un estado tapón entre los grandes reinos peninsulares (Castilla, Aragón y Granada), pasando a ser el núcleo central del nuevo estado señorial. No por ello me libré de algunos malos años en los que las relaciones y conflictos militares entre Alfonso XI y mi Señor don Juan Manuel se perturbaron. En los calabozos de mi fortaleza tuvo lugar la cruel historia de Bartolomé Zanón, a quien don Juan Manuel, mandó arrancar la lengua por haber expresado imprudentemente su deseo de ver al rey Alfonso XI entrar victorioso en Murcia. Mi repoblación aumentó, ya no solo con aldeas como la de Villora, sino también con la creación de pequeños señoríos subordinados como el de Higueruela, concedido a los Madrona. Se deslindó y se amojonó mi territorio, para facilitar la agricultura y la ganadería, siendo en este momento cuando la raza merina se introducirá en mis campos y, como consecuencia de ello se impulsará una gran manufactura textil lanera reglamentada por la " bolla " o señal de procedencia.
 
       En 1348, muere mi señor don Juan Manuel, su heredero don Fernando Manuel muere en 1351, siendo heredera, su hija doña Blanca Manuel, que fallece en 1361; este período de incertidumbre terminaría cuando a Juana Manuel, hija de don Juan Manuel, casada con don Enrique II de Trastámara, cedería su herencia al noble extranjero don Alfonso de Aragón, Conde de Denia y Ribagorza, confirmando la donación del Marquesado de Villena en 1372. Fue mi señor muy autoritario pero se mereció el respeto y la recuperación de éste su Señorío, aunque las grandes familias de la aljama judía como los Abenlupe y los Aventuriel, encargadas de la recaudación de impuestos, despertaron un despiadado odio racial que mancharon mis calles de sangre. Por estos años y ante la imposibilidad de albergar en mis ejidos a extramuros, la feria de mi comarca, se decidió trasladarla a mi aldea de AI-Basit (Albacete), este hecho le supuso la concesión de villazgo, por don Alfonso en 1375. En 1380, a instancias del honrado Concejo de la Mesta se regulará el tráfico de ganado por mis veredas y cañadas; he de deciros con orgullo que fui Puerto Real. En 1386, recuperé mi seguridad con la creación de la Hermandad o fuerza policiaca costeada y gobernada por los concejos, siendo uno de los primeros alcaldes el chinchillano Diego García de Otazo. Pero las relaciones con mi señor se deterioraron, dándose una revuelta anti-señorial en el año de 1385, que me devolvió de nuevo a la Corona. con Enrique III.
 
       Mi casco urbano se modificó, y mi centro se desplazó en torno a la iglesia de Santa María, a la vez que el arrabal o arenal se benefició con donaciones de conversos al convento de San Juan Bautista, que llaman hoy de Santo Domingo. A la muerte de Enrique III, su hija doña Catalina llevó como dote el señorío de Villena elevándose en este momento a Ducado, Juan II confirmó de nuevo mis privilegios en 1408, y en 1411 San Vicente Ferrer habitó y predicó en mis calles e iglesias. En 1422, Juan n, me concedió el privilegio y preeminencia de "Ciudad", siendo la única en todo el marquesado. Por los años de 1440, se sucedieron una serie de luchas que me abocaron a manos navarras, produciéndose secuestros y abandonos de cultivos, hasta que en 1445, el rey me dio como administrador general a Alonso Téllez, padre de don Juan Pacheco. Este último recibirá el título de marqués de Villena y terminaría las reformas en la fábrica de mi fortaleza. La seguridad de mis murallas, en momentos difíciles, ahora con la paz fueron un inconveniente, su mantenimiento era costoso y mis gentes buscaban lugares más cómodos para vivir, como Albacete.
 
       En 1468, se me traspasó con el resto del marquesado a don Diego López Pacheco, quien se levantó en contra de los Reyes Católicos, mi población se dividió en dos bandos, marquesinos y realistas, ganándome por mi lealtad ala reina Isabel, el 9 de Julio de 1476, el honroso título de "Muy Noble y Muy Leal". Desde este momento, quedé para la Corona, aunque rota y destruida, acelerándose mi despoblamiento.
 
       Los Reyes Católicos, me introdujeron en el estado moderno autoritario, que me hizo temer por mis fueros y privilegios, así el día 6 del mes de Agosto, de 1488, aprovechando el retorno de los monarcas de la victoriosa campaña de Vera (Almería), hice que jurasen guardar y mantener mis privilegios municipales, siendo testigo mi Puerta Herrada y Plaza Mayor, y mi portavoz, el Licenciado Pedro Sánchez de Belmonte. Todavía recuerdo los fastos en honor a los monarcas, incluso se construyó un catafalco en la fachada de la cámara de Santa María, antiguo ayuntamiento, desde donde pudieron contemplar una corrida de toros. Pero mis pobladores más humildes, descontentos por la presión del patriciado, se organizaron en una comunidad, dándose en esta época venganzas personales entre los bandos, a través del Santo Oficio de la Inquisición. ¿ y cómo actuó el Sto. Oficio? , catorce personas, los Santamaría, fueron ajusticiadas el 29 de Mayo de 1489, en las cercanías del "Pilar Salobre", la limpieza de sangre a partir de este momento sería primordial a la hora de poder ejercer un oficio público en la administración ciudadana. Tras esta purga inquisitorial, surgirá una sociedad puritana, que fundará un beaterio que más tarde se convertiría en el Convento de Santa Ana (dominicas).
 
       En los comienzos del s. XVI. tras la muerte de la reina doña Isabel, sólo recuerdo el ir y venir de mi buen Marco de Navalón, procurador, al "besa manos de sus Altezas", primero de Felipe " el hermoso " y doña Juana en Valladolid allá por el 1506. y después en Valencia, en 1507, al del viejo rey don Fernando; todo ello para lograr la promesa por parte real de mantener nuestros privilegios, derechos y libertades, objetivo logrado, por lo que se le nombró "Vasallo de su Alteza ". Nuestra reina, doña Juana, ingratamente llamada "la loca ", fue apartada del poder y encerrada en la fortaleza de Tordesillas, por orden de su propio padre. Por ella, cerramos a "piedra y Iodo " nuestras puertas a excepción de la Herrada, y debido a la inestabilidad del momento, la comunidad y el concejo nombraron alcaide de mi fortaleza a Gabriel de Guzmán, "justicia mayor", lo recordareis, el mismo alcaide que frustró la huida del famoso don César Borgia. Tras estos episodios, el poder municipal se concentró mediante alianzas en la clase alta y media alta, por lo que el levantamiento en Comunidades en Chinchilla de Montearagón, no existió, creciendo la corrupción en la política local.
 
       Mi término continuó segregándose con el beneplácito de Felipe II. En el siglo XIV, ya había perdido Albacete y Montealegre del Castillo, ahora en 1567, mi aldea de Alpera, tras pagar 5.000 ducados, consiguió su privilegio de villazgo, yen 1570, AIbacete consiguió media legua más, a costa de mi término. No todo fue negativo, mi población se enriqueció con la llegada de dos expediciones de moriscos de paces procedentes de Lorca, que rehabilitaron como lugar de habitación mis famosas cuevas.
 
       Y así llegamos al siglo XVII, que fue para las letras y la cultura, el Siglo de Oro, y que a nivel económico y social se llamó el "Siglo del Estancamiento ". De ello no me escapé, epidemias de peste bubónica, el alza de los precios y una sucesión de malas cosechas nos abocaron a una terrible crisis demográfica y económica. Ya sabéis, cuando el hambre aprieta el ingenio se agudiza. Algunos chinchillanos, vieron durante el reinado de Felipe IV una salida en las Guerras de Italia y posteriormente de Flandes. Otros muchos siguiendo la carrera eclesiástica se marcharon a Santa Cruz de Caracas como el misionero franciscano, Fray Antonio de Chinchilla; el Padre jesuita, Pedro Fajardo, misionero que marchó a México y fue Rector de los colegios de Campeche, Oaxaca, Guadalajara, Quereta y Queretaro, muriendo en Manila (Filipinas ), Fray Miguel Flores, misionero franciscano que marchó a México y Filipinas; también misionó en México el Padre Juan Martínez de la Parra, jesuita y escritor, autor de la " Luz de las verdades Católicas ". Otros muchos chinchillanos quedaron en mi seno, entre los que destacaría a Juan de Ludeña .y López de Haro, mi Regidor Perpetuo en 1669, a José Carrillo de Toledo, Corregidor: al licenciado Matheo Ruiz Morón, Alcalde Mayor y Corregidor de mi ciudad; Antonio Pinto de Lara, Corregidor que marchó a la defensa de Alicante cuando la Armada francesa bombardeó la ciudad en 1691, con gente de Guerra de mi ciudad, junto con Martín de Villanueva y Munera que también prestó toda clase de servicios en la Guerra de Sucesión, días antes de la Batalla de Almansa; Alonso Ramírez de Arellano e Isla Fernández que en 1601, siendo mi Corregidor, sofocó una Plaga de Langosta que acosaba el término chinchillano.
 
       Y otros tantos, que destacaron en esta mi ciudad, como los Cano-Manuel, los Núñez y sus diferentes enlaces Núñez-Cortés, Núñez-Flores, Núñez de Reyna, Núñez de Prado, Núñez-Robres, y los Moreno, Ballesteros, López del Castillo, López de Haro, Gascón, Requena, Jiménez de la Atalaya, Benítez de la Mota, Fernández de Córdoba, etc..., todos cristianos viejos a los que se unieron los Barnuevo -conversos-, que basándose en fidelidades personales, familiares y económicas se aliaron en una serie de bandos que provocaron varios asesinatos, todo por dominar el gobierno municipal.

       La llegada del s. XV m no alivió mi situación, nuevas epidemias y hambrunas se cebaban en la ciudad, agravándose todo ello con el estallido de la Guerra de Sucesión, en la que tomé parte por Felipe V. Para mostrarle nuestra adhesión, marchamos, el día 21 de Abril de 1705, hacia Almansa, en busca de los imperiales que se encontraban en Gandía.
 
       En Almansa, permanecimos algún tiempo sin tener que disparar un solo tiro, así que al regresar mis tropas, en señal de acción de gracias, organizamos una función religiosa en honor a nuestra Patrona y un desfile, iniciándose entonces una de mis fiestas más arraigadas " La Soldadesca ". A mediados del siglo, siendo rey Fernando VI, se le concedió la "ampliación de término a Albacete" a costa del mío, pero aquí no terminó todo, en 1836, se creó el término de Bonete, Fuente Alamo, Higueruela y Hoya Gonzalo, estos dos últimos con buena parte de mi Sierra, y finalmente, en 1842, Corral Rubio y Pétrola, todas ellas aldeas mías.
 
       Mis penalidades no acabaron ahí, mi fortaleza seguiría causando graves problemas.
Razón tenían mis ciudadanos cuando solicitaron a la reina Isabel " la católica " la destrucción del castillo tras el asedio de 1476.
 
       En 1812, cuando José Bonaparte viajaba hacia Valencia huyendo de la Corte, se hizo fuego contra él, hecho que no olvidarían los franceses y que ala retirada de Andalucía del ejército del General Soult, en Octubre de ese mismo año, tropas al mando del General Drouet, Conde de Erlon, ocuparon mis calles y sitiaron el castillo durante cinco días, destruyendo mi famosa y espectacular Torre del Homenaje, y mi archivo municipal, reflejo de toda mi identidad histórica. Mi ciudad quedó arruinada tras la Guerra de Independencia, lo único que disminuyó tanto sufrimiento, fue la concesión por parte de Fernando VII del título de Fidelísima, el 8 de Mayo de 1814, en mi propio Ayuntamiento, tras un duro forcejeo con Albacete por dar alojamiento al rey y su corte.
 
       El 15 de abril de 1822, durante el Trienio Liberal, quedé como capital de la Mancha Alta, gracias a mi hijo Antonio Cano-Manuel Ramírez de Arellano, de nuevo recuperé parte del esplendor de tiempos pasados, aprobados los límites de mi provincia pasaron a residir en mis casonas las autoridades políticas, administrativas y militares, mi alcalde fue don Ginés Maza de Lizana López del Castillo. Sueño efímero, puesto que el 28 de agosto de 1823 se restauró el absolutismo fenandino, impidiendo así la capitalidad de Chinchilla con una reciente, pero idónea, infraestructura administrativa. Todavía, entre 1836 y 1839, durante las guerras carlistas, por Real Orden, mi castillo quedó en estado de defensa, siendo un estratégico punto de descanso y seguridad, no sólo para los convoyes militares, sino también para las familias de la Ribera del Júcar y parte de Cuenca. Golpe tras golpe, no sólo perdí la capitalidad, en 1843 se suprimió el Arma de la Milicia Provincial de Chinchilla, que fue creada en 1766 con más de catorce regimientos.
 
       Del siglo XX, que os contaría, que vosotros ya no sepáis, la memoria reciente de nuestra tierra y de nuestras gentes son testigos vivos de él. Para vosotros habitantes del siglo XXI, tan solo me queda agradecer vuestro paseo por mis calles y rogaos que no olvidéis mi pasado glorioso y sacrificado, siempre encaminado a la seguridad de mis gentes y al intento, muchas veces no logrado, de mantener intacta mi dignidad histórica todavía viva en mis sillares, en mis calles, y en mi patrimonio histórico y artístico. 

 

BIBLIOGRAFÍA:
  
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