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Os hablaré de mí:
Dice la leyenda que me fundó Hércules Lívico, cuando
pasaba por estos lares, marcando el camino hacia Cádiz.
Por mis campos y en mi sierra abundaban venados, corzos,
jabalíes, perdices y, sobre todo una especie salvajina
de yeguas cenizosas llamadas encebras. En mi término,
guardo numerosos restos neolíticos y sobre todo del
Bronce Medio manchego, en mis famosas morras y morrones.
Estrabón, me ubicó en la Oróspeda en la que habitaban
oretanos, batestanos y deítanos en época ibérica (s.V
al I a.C.), dentro del campo espartario del cual puede
derivar mi sobrenombre "monte-arrago o monte-espartario".
El arte de la cultura Ibérica me ha legado el importantísimo
enterramiento turriforme de Pozo Moro. Mi romanización
no fue violenta, incluso me eligieron como el lugar
idóneo para el descanso de las legiones romanas, como
"mansión", dándome el nombre de Saltigi o Saltici, como
lo demuestran los Vasos de Vicarello, nombre que se
me concedió por la abundancia de saltígrados ó saltamontes
en mis campos. Con los romanos empecé a disfrutar de
las ventajas del Imperio, aunque no tanto como mi vecina
Libisosa o Segóbriga, pero mi enclave con respecto a
la costa y al interior, fue muy importante, me convertí
en la más famosa "Encrucijada de Caminos de la antigüedad",
de toda La Mancha.
Así comencé a madurar,
pero vinieron a habitarme con el paso del tiempo, un
pueblo bárbaro, los visigodos (s. V- VII), que me sumergió
en una época oscura y de estancamiento junto a la mayor
parte del territorio manchego, a excepción de Toledo;
suevos, vándalos y alanos saquearon mi comarca hasta
la llegada del Islam.
Como musulmana,
fui una ciudad aglutinante. Junto con mi población aborigen
convivieron muladíes (hispano-visigodos convertidos
al islam), bereberes arabizados, judíos y mozárabes
( cristianos tolerados por los musulmanes mayoritarios).
Fui medina (ciudad) de mediano tamaño y capital de un
iqlim ( distrito ), en la Cora de Tudmir, los Omeyas
me conquistaron allá por el año 929, concediéndome un
período de paz, prosperidad económica y esplendor cultural.
Recordad mis famosas alfombras, mis inexpugnables murallas
que guardaban mi alcázar, mi mezquita y mi principal
puerta, la "herrada" de estilo califal del
siglo XI, ya casi inexistente.
Grandes cronistas,
geógrafos y tratadistas como AI-Edrisi, AI-Udri (de
origen almeriense), Yaqut, AI-Himyari, me alabaron y
ensalzaron como cuna de ilustres hombres de letras.
juristas y estudiosos de la tradición coránica. entre
los que destacaría a Abu Utmán Al- Yinyali "el chinchillano",
discípulo de Maimónides y de Ibn Midray. En estos siglos,
me denominaron "Cinxella ", "Cencilia", "Yinyila", "Ghenghalet",
y algún nombre más.
En mis tierras
murió SaifAI-Dawla Ibn Hud '.Zafadola", caudillo musulmán
aliado de los cristianos y tras su muerte, en mi territorio
se originó un período de tropelías, siendo desde este
momento la más avanzada medina musulmana. Serví como
prisión y destierro de rebeldes contra los almohades
murcianos. Así comencé a ser frontera con los cristianos,
cambiando de manos de forma constante; hasta que en
1242, el Comendador mayor de Uclés, Pelayo Pérez Correa,
bajo las órdenes del Infante don Alfonso, me recuperó
para los cristianos, en tiempos de don Fernando III
"el santo".
Mi población musulmana me abandonaría, perdiendo mi
interés económico y conservando una reducida guarnición
cristiana gobernada por un teniente de la familia de
los Guzmán. Tras el alzamiento de los mudéjares murcianos
en 1265, el rey don Alfonso X vio la necesidad de reorganizar
La Mancha de Montearagón con centro en mí.
A partir de esta fecha, me concederán exenciones y privilegios
para facilitar el comercio y la ganadería. Fue en el
año 1266, cuando entré a formar parte de la Diócesis
de Cartagena; mi antigua mezquita y alcázar se convirtieron
en la Ermita de Santa Catalina (actual Convento de Santa
Ana, OP.) y en la Iglesia parroquial mudéjar de El Salvador,
hoy San Julián mártir, naciendo por estos días una pujante
comunidad judía muy vinculada a Murcia, a su almojarifes
ya las aljamas de Elche, época en la que mis 'baños"
que por entonces tenía Carrasca, aparecen documentalmente,
por lo que mi sinagoga no estaría muy lejana.
En 1282, el rey
don Sancho, me concedió como premio a su tío don Manuel,
así dejé de ser realenga y pasé al Señor de Villena,
quien favorecerá mi repoblación y reactivación económica;
la familia judía de los Loxits, pasaran a engrandecer
mi aljama. En 1283, muere mi señor don Manuel y hasta
1294, con tan solo 12 años de edad, don Juan Manuel
no asumirá el cargo de adelantado de Murcia, ratificando
mis privilegios y fueros.
Esta época de prosperidad,
me convirtió en un estado tapón entre los grandes reinos
peninsulares (Castilla, Aragón y Granada), pasando a
ser el núcleo central del nuevo estado señorial. No
por ello me libré de algunos malos años en los que las
relaciones y conflictos militares entre Alfonso XI y
mi Señor don Juan Manuel se perturbaron. En los calabozos
de mi fortaleza tuvo lugar la cruel historia de Bartolomé
Zanón, a quien don Juan Manuel, mandó arrancar la lengua
por haber expresado imprudentemente su deseo de ver
al rey Alfonso XI entrar victorioso en Murcia. Mi repoblación
aumentó, ya no solo con aldeas como la de Villora, sino
también con la creación de pequeños señoríos subordinados
como el de Higueruela, concedido a los Madrona. Se deslindó
y se amojonó mi territorio, para facilitar la agricultura
y la ganadería, siendo en este momento cuando la raza
merina se introducirá en mis campos y, como consecuencia
de ello se impulsará una gran manufactura textil lanera
reglamentada por la " bolla " o señal de procedencia.
En 1348, muere
mi señor don Juan Manuel, su heredero don Fernando Manuel
muere en 1351, siendo heredera, su hija doña Blanca
Manuel, que fallece en 1361; este período de incertidumbre
terminaría cuando a Juana Manuel, hija de don Juan Manuel,
casada con don Enrique II de Trastámara, cedería su
herencia al noble extranjero don Alfonso de Aragón,
Conde de Denia y Ribagorza, confirmando la donación
del Marquesado de Villena en 1372. Fue mi señor muy
autoritario pero se mereció el respeto y la recuperación
de éste su Señorío, aunque las grandes familias de la
aljama judía como los Abenlupe y los Aventuriel, encargadas
de la recaudación de impuestos, despertaron un despiadado
odio racial que mancharon mis calles de sangre. Por
estos años y ante la imposibilidad de albergar en mis
ejidos a extramuros, la feria de mi comarca, se decidió
trasladarla a mi aldea de AI-Basit (Albacete), este
hecho le supuso la concesión de villazgo, por don Alfonso
en 1375. En 1380, a instancias del honrado Concejo de
la Mesta se regulará el tráfico de ganado por mis veredas
y cañadas; he de deciros con orgullo que fui Puerto
Real. En 1386, recuperé mi seguridad con la creación
de la Hermandad o fuerza policiaca costeada y gobernada
por los concejos, siendo uno de los primeros alcaldes
el chinchillano Diego García de Otazo. Pero las relaciones
con mi señor se deterioraron, dándose una revuelta anti-señorial
en el año de 1385, que me devolvió de nuevo a la Corona.
con Enrique III.
Mi casco urbano
se modificó, y mi centro se desplazó en torno a la iglesia
de Santa María, a la vez que el arrabal o arenal se
benefició con donaciones de conversos al convento de
San Juan Bautista, que llaman hoy de Santo Domingo.
A la muerte de Enrique III, su hija doña Catalina llevó
como dote el señorío de Villena elevándose en este momento
a Ducado, Juan II confirmó de nuevo mis privilegios
en 1408, y en 1411 San Vicente Ferrer habitó y predicó
en mis calles e iglesias. En 1422, Juan n, me concedió
el privilegio y preeminencia de "Ciudad", siendo la
única en todo el marquesado. Por los años de 1440, se
sucedieron una serie de luchas que me abocaron a manos
navarras, produciéndose secuestros y abandonos de cultivos,
hasta que en 1445, el rey me dio como administrador
general a Alonso Téllez, padre de don Juan Pacheco.
Este último recibirá el título de marqués de Villena
y terminaría las reformas en la fábrica de mi fortaleza.
La seguridad de mis murallas, en momentos difíciles,
ahora con la paz fueron un inconveniente, su mantenimiento
era costoso y mis gentes buscaban lugares más cómodos
para vivir, como Albacete.
En 1468, se me
traspasó con el resto del marquesado a don Diego López
Pacheco, quien se levantó en contra de los Reyes Católicos,
mi población se dividió en dos bandos, marquesinos y
realistas, ganándome por mi lealtad ala reina Isabel,
el 9 de Julio de 1476, el honroso título de "Muy Noble
y Muy Leal". Desde este momento, quedé para la Corona,
aunque rota y destruida, acelerándose mi despoblamiento.
Los Reyes Católicos,
me introdujeron en el estado moderno autoritario, que
me hizo temer por mis fueros y privilegios, así el día
6 del mes de Agosto, de 1488, aprovechando el retorno
de los monarcas de la victoriosa campaña de Vera (Almería),
hice que jurasen guardar y mantener mis privilegios
municipales, siendo testigo mi Puerta Herrada y Plaza
Mayor, y mi portavoz, el Licenciado Pedro Sánchez de
Belmonte. Todavía recuerdo los fastos en honor a los
monarcas, incluso se construyó un catafalco en la fachada
de la cámara de Santa María, antiguo ayuntamiento, desde
donde pudieron contemplar una corrida de toros. Pero
mis pobladores más humildes, descontentos por la presión
del patriciado, se organizaron en una comunidad, dándose
en esta época venganzas personales entre los bandos,
a través del Santo Oficio de la Inquisición. ¿ y cómo
actuó el Sto. Oficio? , catorce personas, los Santamaría,
fueron ajusticiadas el 29 de Mayo de 1489, en las cercanías
del "Pilar Salobre", la limpieza de sangre a partir
de este momento sería primordial a la hora de poder
ejercer un oficio público en la administración ciudadana.
Tras esta purga inquisitorial, surgirá una sociedad
puritana, que fundará un beaterio que más tarde se convertiría
en el Convento de Santa Ana (dominicas).
En los comienzos
del s. XVI. tras la muerte de la reina doña Isabel,
sólo recuerdo el ir y venir de mi buen Marco de Navalón,
procurador, al "besa manos de sus Altezas", primero
de Felipe " el hermoso " y doña Juana en Valladolid
allá por el 1506. y después en Valencia, en 1507, al
del viejo rey don Fernando; todo ello para lograr la
promesa por parte real de mantener nuestros privilegios,
derechos y libertades, objetivo logrado, por lo que
se le nombró "Vasallo de su Alteza ". Nuestra reina,
doña Juana, ingratamente llamada "la loca ", fue apartada
del poder y encerrada en la fortaleza de Tordesillas,
por orden de su propio padre. Por ella, cerramos a "piedra
y Iodo " nuestras puertas a excepción de la Herrada,
y debido a la inestabilidad del momento, la comunidad
y el concejo nombraron alcaide de mi fortaleza a Gabriel
de Guzmán, "justicia mayor", lo recordareis, el mismo
alcaide que frustró la huida del famoso don César Borgia.
Tras estos episodios, el poder municipal se concentró
mediante alianzas en la clase alta y media alta, por
lo que el levantamiento en Comunidades en Chinchilla
de Montearagón, no existió, creciendo la corrupción
en la política local.
Mi término continuó
segregándose con el beneplácito de Felipe II. En el
siglo XIV, ya había perdido Albacete y Montealegre del
Castillo, ahora en 1567, mi aldea de Alpera, tras pagar
5.000 ducados, consiguió su privilegio de villazgo,
yen 1570, AIbacete consiguió media legua más, a costa
de mi término. No todo fue negativo, mi población se
enriqueció con la llegada de dos expediciones de moriscos
de paces procedentes de Lorca, que rehabilitaron como
lugar de habitación mis famosas cuevas.
Y así llegamos
al siglo XVII, que fue para las letras y la cultura,
el Siglo de Oro, y que a nivel económico y social se
llamó el "Siglo del Estancamiento ". De ello no me escapé,
epidemias de peste bubónica, el alza de los precios
y una sucesión de malas cosechas nos abocaron a una
terrible crisis demográfica y económica. Ya sabéis,
cuando el hambre aprieta el ingenio se agudiza. Algunos
chinchillanos, vieron durante el reinado de Felipe IV
una salida en las Guerras de Italia y posteriormente
de Flandes. Otros muchos siguiendo la carrera eclesiástica
se marcharon a Santa Cruz de Caracas como el misionero
franciscano, Fray Antonio de Chinchilla; el Padre jesuita,
Pedro Fajardo, misionero que marchó a México y fue Rector
de los colegios de Campeche, Oaxaca, Guadalajara, Quereta
y Queretaro, muriendo en Manila (Filipinas ), Fray Miguel
Flores, misionero franciscano que marchó a México y
Filipinas; también misionó en México el Padre Juan Martínez
de la Parra, jesuita y escritor, autor de la " Luz de
las verdades Católicas ". Otros muchos chinchillanos
quedaron en mi seno, entre los que destacaría a Juan
de Ludeña .y López de Haro, mi Regidor Perpetuo en 1669,
a José Carrillo de Toledo, Corregidor: al licenciado
Matheo Ruiz Morón, Alcalde Mayor y Corregidor de mi
ciudad; Antonio Pinto de Lara, Corregidor que marchó
a la defensa de Alicante cuando la Armada francesa bombardeó
la ciudad en 1691, con gente de Guerra de mi ciudad,
junto con Martín de Villanueva y Munera que también
prestó toda clase de servicios en la Guerra de Sucesión,
días antes de la Batalla de Almansa; Alonso Ramírez
de Arellano e Isla Fernández que en 1601, siendo mi
Corregidor, sofocó una Plaga de Langosta que acosaba
el término chinchillano.
Y otros tantos,
que destacaron en esta mi ciudad, como los Cano-Manuel,
los Núñez y sus diferentes enlaces Núñez-Cortés, Núñez-Flores,
Núñez de Reyna, Núñez de Prado, Núñez-Robres, y los
Moreno, Ballesteros, López del Castillo, López de Haro,
Gascón, Requena, Jiménez de la Atalaya, Benítez de la
Mota, Fernández de Córdoba, etc..., todos cristianos
viejos a los que se unieron los Barnuevo -conversos-,
que basándose en fidelidades personales, familiares
y económicas se aliaron en una serie de bandos que provocaron
varios asesinatos, todo por dominar el gobierno municipal.
La llegada del
s. XV m no alivió mi situación, nuevas epidemias y hambrunas
se cebaban en la ciudad, agravándose todo ello con el
estallido de la Guerra de Sucesión, en la que tomé parte
por Felipe V. Para mostrarle nuestra adhesión, marchamos,
el día 21 de Abril de 1705, hacia Almansa, en busca
de los imperiales que se encontraban en Gandía.
En Almansa, permanecimos
algún tiempo sin tener que disparar un solo tiro, así
que al regresar mis tropas, en señal de acción de gracias,
organizamos una función religiosa en honor a nuestra
Patrona y un desfile, iniciándose entonces una de mis
fiestas más arraigadas " La Soldadesca ". A mediados
del siglo, siendo rey Fernando VI, se le concedió la
"ampliación de término a Albacete" a costa del mío,
pero aquí no terminó todo, en 1836, se creó el término
de Bonete, Fuente Alamo, Higueruela y Hoya Gonzalo,
estos dos últimos con buena parte de mi Sierra, y finalmente,
en 1842, Corral Rubio y Pétrola, todas ellas aldeas
mías.
Mis penalidades
no acabaron ahí, mi fortaleza seguiría causando graves
problemas.
Razón tenían mis ciudadanos cuando solicitaron a la
reina Isabel " la católica " la destrucción del castillo
tras el asedio de 1476.
En 1812, cuando
José Bonaparte viajaba hacia Valencia huyendo de la
Corte, se hizo fuego contra él, hecho que no olvidarían
los franceses y que ala retirada de Andalucía del ejército
del General Soult, en Octubre de ese mismo año, tropas
al mando del General Drouet, Conde de Erlon, ocuparon
mis calles y sitiaron el castillo durante cinco días,
destruyendo mi famosa y espectacular Torre del Homenaje,
y mi archivo municipal, reflejo de toda mi identidad
histórica. Mi ciudad quedó arruinada tras la Guerra
de Independencia, lo único que disminuyó tanto sufrimiento,
fue la concesión por parte de Fernando VII del título
de Fidelísima, el 8 de Mayo de 1814, en mi propio Ayuntamiento,
tras un duro forcejeo con Albacete por dar alojamiento
al rey y su corte.
El 15 de abril
de 1822, durante el Trienio Liberal, quedé como capital
de la Mancha Alta, gracias a mi hijo Antonio Cano-Manuel
Ramírez de Arellano, de nuevo recuperé parte del esplendor
de tiempos pasados, aprobados los límites de mi provincia
pasaron a residir en mis casonas las autoridades políticas,
administrativas y militares, mi alcalde fue don Ginés
Maza de Lizana López del Castillo. Sueño efímero, puesto
que el 28 de agosto de 1823 se restauró el absolutismo
fenandino, impidiendo así la capitalidad de Chinchilla
con una reciente, pero idónea, infraestructura administrativa.
Todavía, entre 1836 y 1839, durante las guerras carlistas,
por Real Orden, mi castillo quedó en estado de defensa,
siendo un estratégico punto de descanso y seguridad,
no sólo para los convoyes militares, sino también para
las familias de la Ribera del Júcar y parte de Cuenca.
Golpe tras golpe, no sólo perdí la capitalidad, en 1843
se suprimió el Arma de la Milicia Provincial de Chinchilla,
que fue creada en 1766 con más de catorce regimientos.
Del siglo XX, que
os contaría, que vosotros ya no sepáis, la memoria reciente
de nuestra tierra y de nuestras gentes son testigos
vivos de él. Para vosotros habitantes del siglo XXI,
tan solo me queda agradecer vuestro paseo por mis calles
y rogaos que no olvidéis mi pasado glorioso y sacrificado,
siempre encaminado a la seguridad de mis gentes y al
intento, muchas veces no logrado, de mantener intacta
mi dignidad histórica todavía viva en mis sillares,
en mis calles, y en mi patrimonio histórico y artístico.
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