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Miércoles
en locomotora
Hay una Chinchilla
inédita que
vuelve a la superficie
un día al
año, el miércoles
de ceniza. Desde
muy de mañana
asoman en los zaguanes,
en la puerta de
las casas, unos
vecinos que han
dormido 364 días,
unos monigotes simpáticos
y toscos que esperan
envarados la visita
de quien quiera
mirarlos. Están
hechos con tanto
cariño como
pobreza de medios.
Según la
tradición
suelen agruparse
en torno a una mesa.
Como no pueden hablar,
hablan por ellos
unas viñetas
rimadas, con temática
jocosa, aunque dentro
del respeto debido.
Se les llama Los
Miércoles
porque este es el
día en el
que los chinchillanos
los sacan a saludar.
Chinchilla
se convierte en
una ciudad distinta
que no deja de ser
Chinchilla porque
los vecinos ponen
en esos monigotes
mucho de sí
mismos. Por ejemplo
los visten de su
oficio, pero más
parecido a como
era antiguamente,
o les dan la forma
de sus recuerdos,
de sus guasas o
de sus sueños.
Así, este
año habrá
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una locomotora en
la plaza paseando
a unos niños
de pega. Y habrá
reinas de las fiestas
y relojeros, adivinos
y tenores, una entrevista
en la radio, miércoles
fumando en el año
sin tabaco, un vagabundo
y hasta una Tuna;
incluso un funeral.
Estará Picasso
pintando junto a la
biblioteca y volverán
de alguna foto sepia
unos abuelos a mondar
lentejas y unos aguadores
al Pozo Balazote,
como si el tiempo
tuviera vuelta de
hoja.
Los curiosos
dispondrán
de todo el día
para localizar cada
uno de estos miércoles,
hasta cuarenta y seis,
en el mapa del tesoro
de la ciudad, más
medieval, más
laberíntica
y más paseable
que nunca. De este
modo se cumple un
año más
el rito que Fina Ortega
y la Asociación
Antigua Tradición
rescataron en 1996
y han mantenido vivo
desde entonces. Para
los participantes
habrá un obsequio
también muy
querido: una reproducción
en barro cocido de
la añorada
fuente de la plaza.
Arturo
Tendero
"Los
miércoles"
del 2.006, paso
a paso:
¿Cómo
se preparan?
Como
se vivieron:
Así
se recogen:
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