El talante
ingenuo y pacífico
que impera entre los
organizadores les
ha llevado a indultar
al toro y a darles
la palabra a él
y al caballo. Encontrará
el visitante, a poco
que busque, otras
parejas que han venido
a la corrida. Pero
también reproducción
de costumbres que
se debaten contra
el olvido, como unas
morcilleras preparando
embutido con el arte
y la lebrilla correspondientes.
Encontrará
a unos abuelos cocinando
gazpachos, a unos
niños jugando
a la rueda del alpargate
y varios vecinos tratando
de subir al palo del
jabón, tradiciones
de antaño que
se mezclan con escenas
de rabiosa actualidad
inspiradas por la
televisión.
A pesar de su sencillez,
los miércoles
resumen el cariño
de quienes los han
plantado, que suelen
estar cerca, al acecho
de las expresiones
de quienes contemplan
su modesta obra, lo
que constituye su
satisfacción
más íntima,
el único premio
que merece la pena.
Este día la
ciudad ofrece de una
manera distinta sus
rincones medievales,
sus calles que se
empinan y se retuercen,
sus adarves, sus postigos
ya muy camuflados,
sus joyas más
secretas que se pierden
en medio de la rutina,
como si desaparecieran.
Es al salir a buscar
los miércoles,
cuando los ojos siguen
un recorrido diferente
al habitual y encuentran
las parejas, pero
también redescubren
el sabor medieval
que estaba ahí,
a disposición
de los amantes del
pasado, de los amigos
de las tradiciones
y de quienes solo
buscan romper con
la rutina. Eso sí,
que nadie olvide que
mañana se acababa
el carnaval y el pueblo
se hundía en
la penumbrosa cuaresma.
Arturo Tendero
Tríptico
2010:
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Presentacion
de Los Miércoles
2010
Así
se vivieron
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