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Chinchilla de Montearagón
y su castillo están situados
en un importante cruce de caminos
desde la antigüedad . Forma
parte de una ruta de castillos que
transcurre por un corredor natural
que une el sureste y levante con
el centro peninsular y Andalucía.
Reutilizado hoy en día, por
él transcurre la red de carreteras
nacional, N-430 y A-31 (autovía
de Levante), que permite tener a
pie de autovía una serie
de castillos y etapas históricas
muestra de nuestro rico pasado histórico.
Contemplar, visitar o pernoctar
en estos castillos restaurados sería
un importante recurso sostenible
de promoción y desarrollo
rural como incentivo al turismo
de interior. Algunos ejemplos de
estos son, el castillo de Albanllana
en Uclés (CU), la ciudad
romana de Segóbriga en Saelices
(CU), el Castillo de Garcimuñoz
(N-III, segunda mitad siglo XV,
en restauración), el Torreón
de Cervera del Llano (siglo XVII,
CU), castillo de Honrrubia (CU),
castillo de Chinchilla de Montearagón,
castillo de Almansa (N-IV, del siglo
XIV, AB), castillos de Sax (siglo
XII, A), Villena (A), Elda (A),
Petrel (A), Novelda (A), Alicante
(castillo de Santa Bárbara),
Castillo de Montesa (V), castillo
y murallas de Játiva (V),
todos ellos adornan el viaje por
las autovías mostrando nuestro
patrimonio cultural.
Como precedentes de una restauración
exhaustiva en castillos de Castilla
- La Mancha desde casi sus cimientos
se podrían citar los castillos
o fortalezas de Alcalá del
Júcar y el de Sigüenza
en Guadalajara, actualmente Parador
Nacional, e incluso el palacio del
Alcázar de Toledo. Desde
aquí nos atrevemos a formar
parte del proyecto de restauración
y posible ubicación de un
parador nacional en el castillo
de Chinchilla, ya que al parecer
la norma legal dice que la red de
Paradores nacionales se ubiquen
en monumentos de carácter
histórico-artístico,
abandonando aquellos que no cumplan
dicha normativa. Algunos precedentes
que no cumplían esta norma
se privatizaron excluyéndolos
de la red de paradores nacionales,
como por ejemplo el de Jávea
(Valencia), etc... La JCCM, la Diputación
Provincial de Albacete y el Ayuntamiento
de Chinchilla de Montearagón
no deberían permitir, si
esto se diese, que Albacete saliese
de la red de Paradores, perdiendo
su carácter de proyección
turística y comercial ; así
como poner todo el empeño
posible para la reconstrucción
de su Torre del Homenaje.
Chinchilla de Montearagón
fue un emplazamiento ibérico
y más tarde romano (Saltigi),
ocupado posteriormente por los visigodos,
los árabes lo conquistaron
denominando a esta plaza 'Ghenghalet'.
Como medina, ciudad amurallada islámica,
aprovechó un núcleo
hispanorromano preexistente construyendo
la alcazaba y fortaleza en el barrio
de San Julián o plaza alta,
y la mezquita, en el actual convento
de Santa Ana. Aunque prefiriendo
estas ciudades fortificadas la planta
regular, en nuestro caso se adaptó
al terreno, presentando torres rectangulares
que apenas sobresalían de
la muralla, visibles aún
en las cuevas del Agujero.
Xerif Al-Edrisi (1099-1166),
realizó una descripción
breve pero interesante del país
de Tudmir donde se encontraba Chinchilla
"... villa murada, rodeada
de huertos y con inexpugnable castillo...".
Al-Abbar (siglo XII), geógrafo
y político valenciano de
origen musulmán, cita la
medina de Chinchilla donde destacaba
su Alcazaba. Entre los siglos XII
y XIII, el erudito Yaqut en su obra
Mu'Yam Al Buldan o Diccionario de
los países, concedió
un lugar destacado a la región
o país de Tudmir donde al
describir las poblaciones más
relevantes del sector, Chinchilla
aparece como patria de ilustres
hombres de letras, juristas y estudiosos
de la tradición coránica.
Otro cronista bajo-medieval, Al-Himyari,
al describir los parajes albaceteños
se detuvo en nuestra Chinchilla
para ensalzar la fortaleza de su
alcazaba, que sirvió de prisión
entre otros a Abd-al-Rahmán
y Al-Hintati (visir de Almanzor).
Será en época de Taifas
y de invasiones africanas (almorávides
y almohades), cuando a cambio de
su pérdida de tranquilidad
y prosperidad económica adquiera
importancia estratégica y
militar (siglos XI-XIII). Los edificios
que destacaban en esta época
eran la mezquita (posteriormente
Iglesia de Santa Catalina y Convento
de Santa Ana de MM. dominicas),
donde todavía en el siglo
XVI, se tenía en pie el minarete,
y el alcázar, en la zona
más próxima al Castillo,
en lo que hoy es la Iglesia del
Salvador o San Julián. Estas
dos zonas contaron con murallas
independientes, de las que aún
quedan restos visibles. Una muralla
circundaba todo el conjunto de la
ciudad con una o dos puertas, posteriormente
reutilizadas, la principal era la
Puerta Herrada o de Las Torres.
También los baños,
que aparecen en la documentación
cristiana del siglo XIII, que catalogados
como árabes, hay que abrir
la posibilidad defendida por expertos
de su origen judío, ya que
se encontraba en plena aljama. El
castillo de Chinchilla también
fue citado en la obra del geógrafo
e historiador musulmán Abu
Abd Muhammad Ibn Abd al-Mun'im al-Himyari,
quien recopiló noticias diversas
de contenido geográfico e
histórico en una obra compuesta
en el año 1461 C., a la que
tituló: "El Libro del
jardín perfumado sobre las
noticias de los países"
.
De la influencia árabe quedaron
en el recinto fortificado elementos
defensivos diversos, como las entradas
en codo, con recorridos entre varias
puertas sucesivas que obligaban
a giros de 90 grados, las torres
albarranas, construidas exentas
al exterior del recinto y unidas
algunas de ellas a éste por
puentes o arcos, hoy todavía
quedan restos de la antigua puerta
Herrada, construida sobre dos torreones
exentos en el Pilar o Escurrizo,
y las 'corachas', entendidas estas,
bien como galerías subterráneas
que comunicaban con tomas de agua
o pozos, o bien como líneas
de murallas que conectaban con torres
alejadas del recinto, que cumplían
la misión de aguada o control,
en Chinchilla todavía existen
varias corachas en la zona de Patios
Altos. En época del Califato
de Córdoba, a finales del
siglo X, se desarrollaron complejos
sistemas defensivos en los que se
incluían ciudades fortificadas,
castillos de guarnición y
torres de vigilancia, que enlazaban
visualmente estas fortificaciones
entre sí -paraje de los Castillejos
en la sierra procomunal chinchillana-,
que protegían los caminos
militares en esta zona de fronteras.
Hasta mediados del siglo XIV se
fusionaron las fortificaciones islámicas
y cristianas con la construcción
de torres albarranas y corachas
o sistemas de aljibes de técnica
musulmana, construidos la mayoría
de las veces por alarifes mudéjares.
No restan vestigios en el
castillo de la fortaleza musulmana,
ni del primer castillo cristiano,
pues el actual es del siglo XV.
En 1449, adquirió la fortaleza
Juan Pacheco, maestre de Santiago
y marqués de Villena, quien
reconstruyó los desmochados
muros del antiguo castillo, dándole
el empaque y la forma que aún
hoy vemos en la altura.
En el castillo se organizó
la vida en torno al patio de armas,
y se construyó una gran torre
a la manera centroeuropea, en él
se concentraba toda la carga simbólica
del acto de pleitesía entre
el rey o el señor y sus vasallos,
de ahí que recibieran en
España el significativo nombre
de Torre del Homenaje. La ostentación
en la arquitectura militar, llevó
a que Juan Pacheco, marqués
de Villena, rematara la espléndida
torre con parapetos volados sobre
matacanes y la torre del Homenaje
asumió un uso residencial.
Cuando la artillería hizo
su aparición, la fortaleza
se rodeó de un profundo foso
tallado en la misma piedra, con
torreones de planta circular, en
los que se abrían numerosas
bocas de tiro o troneras. Emplazado
en un cerro que domina la llanura,
era sitio fuerte, difícil
de atacar por ser el cerro abrupto,
podía ser defendido con poca
gente al tener un gran foso a la
redonda, excavado en la roca viva,
que aumentaba la altura de sus ya
elevados muros, a él se accedía
por puentes levadizos.
En la Guerra del Marquesado
y los cercos del castillo (1476)
, la violencia llegó a Chinchilla,
dividida en dos bandos, a favor
y en contra del marqués,
entre los marquesinos se encontraba
Alonso de Requena y como miembros
de la oligarquía rebelde,
los Soriano, De la Mota y Gascón.
Las fuerzas del marqués se
guarnecieron en la fortaleza, fueron
encabezadas por el alcaide, García
de Pallarés y Tristán
Daza. Las negociaciones entre el
marqués y los reyes se abrieron,
firmándose el 11 de Septiembre
un acuerdo por el que la fortaleza
quedaba en tercería. Los
chinchillanos, habían pedido
a la reina que la fortaleza fuera
arrasada, con el fin de verse libres
de futuros problemas, ya que seguía
siendo un peligro contra la misma
ciudad, pero la reina se negó
a la destrucción del castillo.
Tras correr el rumor, de que Diego
López Pacheco, mantenía
conversaciones de trato con el rey
de Portugal, Fernando de Frías,
reunió gentes de guerra y
puso en asedio de nuevo a la fortaleza
chinchillana. La fortaleza quedaba
en tercería de nuevo con
un nuevo alcaide, el capitán
Pedro Verástegui (señor
de Hontalvilla y Alpera), caballero
de confianza del marqués.
La muerte del rey Juan II
de Aragón, padre del rey
Fernando, que realizaba el papel
de moderador en la contienda con
el marqués, hizo que la reina
Isabel diera instrucciones para
la guerra total contra el señor
de Villena. Ocupada Chinchilla de
nuevo por los reales, el 26 de Marzo
de 1479, envió el rey Fernando
a dos capitanes para ocupar la fortaleza
de gran valor estratégico,
Pedro Ruiz de Alarcón y Luis
Navarro de Navarra, que apoyados
por Jorge Manrique, batallaron contra
el marqués. La habilidad
diplomática del capitán,
Pedro Baeza, hizo que su señor
firmase una capitulación
honrosa aunque dura, en Belmonte
el 1480. La ciudad de Chinchilla
quedaba para la corona, la fortaleza
quedaría en tercería
con Gutierre de Cárdenas
a la cabeza. El más famoso
de sus huéspedes, fue César
Borgia, hermano de Lucrecia e hijo
predilecto del Papa Alejandro VI,
a quien el Gran Capitán trajo
preso a España, en 1504,
por orden de Fernando el católico;
teniendo un fuerte altercado con
su alcaide, Gabriel de Guzmán.
El duque valentino, intentó
sobornar al alcaide para conseguir
la libertad, pero fue en vano.
El castillo todavía
en el siglo XVII conservaba muchos
de los aposentos interiores como
salas, caballerizas, capilla, cocina,
etc... pero todo bastante arruinado,
destacaba la gran torre del Homenaje,
aunque ya por entonces el corregidor
opinaba que debía restaurarse.
Tras la muerte de Carlos II, en
1700, el Consejo de Estado propuso
como sucesor a Felipe de Anjou (Felipe
V), tutelado por Luis XIV, provocando
el inicio de la Guerra de Sucesión
(1705). Así Chinchilla se
consideró amenazada de sus
correrías e invasiones y
manifestó su adhesión
a Felipe V acordando su concejo
poner la ciudad en estado de defensa
y aún de ofensiva, preparando
el castillo y abasteciéndolo,
se restauraron así mismo
las murallas de la población
y se cerraron sus puertas, excepto
dos. En el año 1707, el Marqués
das Minas, general del ejército
austro-anglo-holando-portugués,
sacó del castillo las artillerías
y se preparó para hospital
de sangre, el convento de los dominicos
de la ciudad. En 1810, año
tercero de la Guerra de Independencia
, volvió el castillo a ponerse
en estado de defensa, la dirección
de las obras se encomendaron a Antonio
Cearra, comandante de ingenieros
militares. Este demolió las
almenas del muro de once torreones
dejándolos a la barbeta,
condenó las troneras cerradas
de cañón, levantó
un terraplén interior con
los escombros de las almenas, haciendo
sobre ellos troneras abiertas. Condenó
también la entrada que daba
al pueblo desde el castillo, dejando
sola la de oeste, aunque reformando
su portada y los estribos del puente
levadizo, e hizo construir un pequeño
horno de pan cocer y una reducida
ermita cerca de la puerta oeste,
bajo la advocación de la
Virgen del Carmen. El 19 Marzo del
mismo año, las tropas de
Napoleón, más que
como plan de apoderarse de Chinchilla
y de su castillo con el de hacer
un reconocimiento, se situaron en
el cerro de San Cristóbal.
En la retirada de Andalucía
del ejército de Soult, en
Octubre del 1812, fue sitiado el
castillo por tropas al mando del
general de división Drouet,
Conde de Erlon. Las tropas francesas
se dieron cuenta de lo inútiles
que resultaban los tiros desde el
cerro San Blas contra la Torre del
Homenaje pues resbalaban en los
ángulos que su refuerzo macizo
presentaba a la batería.
El día siete continuaron
el fuego, y fue en el muro, donde
estaba la puerta condenada cuya
mampostería no se había
consolidado aún desde la
obra de dos años antes, donde
lograron abrir no sin disputa una
brecha. El día ocho por la
noche se levantó una tempestad
con un gran aguacero y truenos,
cayó un relámpago
sobre la torre penetrando hasta
el pabellón del gobernador
Cearra, que le dejó gravemente
herido, pasando el mando de la fortaleza
a otro oficial, y a las ocho horas
de la mañana del día
nueve, capituló no sin recibir
antes los sitiados, bastantes disparos,
porque la bandera blanca enarbolada
no se veía con la niebla.
Apoderados así los
franceses del castillo, volaron
la Torre del Homenaje, destruyendo
también el poco edificio
que tenía de ermita. Después
clavaron y rompieron los brazos
a los cuatro cañones con
los que estaba artillado el castillo
y los precipitaron al foso . Las
reformas del castillo continuaron
a mediados del siglo XIX, los escombros
de la torre los mandó retirar
en 1821, el primer alcalde constitucional
Pedro Cleto Cebrián, y después
de nueve años sepultados
los cañones se recuperaron,
dos de estos son los que desde noviembre
de 1829 están colocados de
guarda-cantones a la entrada de
la plaza principal por el arco de
la Ciudad. En 1822, se restauró
el castillo bajo la dirección
de un subteniente de ingenieros
de Cartagena, quien reparó
nuevamente a barbeta el muro y construyó
una tronera al noroeste. Se edificó
dentro un cuartel en el extremo
este, un edificio para pabellón
del jefe del cuartel y otro para
cocina, un horno de pan cocer y
un almacén de víveres,
habilitándose un pequeño
receptáculo para municiones
donde se encontraba la cisterna
de la torre.
El 1 de Julio de 1823, el
castillo chinchillano contó
con un reducido destacamento de
milicia nacional activa, que se
desplazó desde la provincia
de Cuenca a la Mancha de Montearagón.
La brigada carlista al mando de
Bessieres entró en Albacete,
el día 17 de Julio, llegando,
su avanzada caballería en
la madrugada del 18, hasta el Pozo
de la Peña, apoderándose
en aquella mañana del castillo.
El castillo fue ocupado de nuevo
sin hostilidades en 1823, por las
tropas realistas al mando de Gregorio
Bineros, tras el abandono de los
constitucionales llevándose
un obús, única pieza
con que estuvo artillado. Repetidas
veces se hicieron gestiones para
que la Dirección General
de Artillería, la declarase
Plaza de Armas, pero el dictamen
no fue favorable, así el
carácter militar que de antiguo
arrastra esta ciudad por su castillo
y fortificación 'solo le
ocasionó detrimentos y exposición
aún mayores en tiempos de
revueltas y guerras'.
En la guerra civil a la muerte
de Fernando VII, guerras carlistas,
Chinchilla y su castillo fueron
puntos estratégicos, por
disposición del gobierno,
siendo lugar de albergue y seguridad
para muchas familias de los pueblos
del llano. En 1836 se temía
que los defensores de la causa carlista
del Bajo Aragón y del Reino
de Valencia, se extendieran hasta
la provincia de Albacete, por la
que ya realizaban numerosas correrías,
se vio conveniente por parte del
gobierno declarar a Chinchilla y
su castillo, por Real Orden del
19 de Septiembre de 1836, en estado
de defensa. Para ello se encomendó
un proyecto para la reforma del
castillo y murallas, por el capitán
general de Valencia al ingeniero
del ejército Tomás
Enguidanos, y al teniente Francisco
Sánchez, hijo del guerrillero
de la guerra de Independencia llamado
'Francisquete'. Sería Sánchez
quien llevó a cabo la dirección
de las obras, en Abril de 1837,
sus reformas convirtieron a Chinchilla
en el punto de descanso y seguridad
para los convoyes de Madrid a Valencia,
Alicante y Cartagena, y refugio
de muchas familias de la ribera
del Júcar y Cuenca, que hasta
1839, tras el 'Abrazo de Vergara',
pudieron regresar a sus hogares.
Conserva completo el recinto
principal, que fue utilizado como
penal hasta no hace muchos años.
Ya en 1840, se encontraba en poder
del Ayuntamiento, quien lo dedicó
a la custodia de presos, lazareto
o sin utilidad alguna. Cuando esto
último sucedía, los
vecinos aprovechaban el agua de
los aljibes y los pastos de sus
ejidos, siendo el Ayuntamiento responsable
de su conservación hasta
1897. En este año, ante la
noticia de que la Dirección
General de Penales proyectaba la
construcción de una penitenciaria,
se cedió al Estado, construyéndose
el Penal de Chinchilla, en 1930,
levantando los muros carcelarios
sobre los restos de las murallas,
y, destinándose a prisión
hasta 1950. Finalmente, en 1963,
a requerimiento del Ayuntamiento
de la ciudad, fue desafectado del
patrimonio del Estado y reivindicado
de nuevo por el municipio.
Descripción arquitectónico-artística.
En Chinchilla de Montearagón
se conjugan varias arquitecturas,
que contrastan fuertemente entre
si, dentro de un trazado urbanístico
medieval y cerebraico a la manera
musulmana. Este contraste se aprecia
en una arquitectura popular (casas
y cuevas), civil (casa del concejo
y cárcel), religiosa (conventos
de Santo Domingo y Santa Ana, Iglesia
de San Julián, iglesia de
Sta. María del Salvador),
económica (pósitos
y tercia) y militar (castillo y
murallas). No podemos hablar ni
describir aisladamente la fábrica
del castillo, por estar íntimamente
unida al resto de la arquitectura
militar y defensiva que la misma
ciudad refleja. Este gran complejo
arquitectónico se encuentra
formado por las murallas de carácter
defensivo que recorren el perímetro
de la antigua puebla, en algunos
casos dispuestas de forma concéntrica,
y con puertas de acceso a la ciudad,
siendo todo este complejo cerrado,
situándose desafiante la
fortaleza en el cerro de San Blas.
El entorno urbanístico del
castillo o conjunto urbano, se encuentra
situado en la falda del citado cerro
donde va surgiendo su trazado, con
sus calles estrechas y tortuosas,
sin intención urbanística
consciente.
Las Murallas de forma irregular
se adaptan al terreno, edificadas
sobre planos de piedra casi escarpados
y de una altura que oscila entre
los tres y seis metros de profundidad
al exterior. Su factura es de tapiera
costreada con banqueta, técnica
constructiva almohade, de cimbrado
y tapial, de cal y canto con restos
de carbonilla (escorias) y otros
materiales. Tenía unidos
a la misma, salientes al campo,
18 torreones o caballeros, para
la defensa de sus lienzos entre
los cincuenta y cien pasos, todos
de argamasa de cal y sólidamente
construidos, apreciándose
algunos de estos caballeros en las
cuevas del Agujero y en la Montera.
En la parte de este a sur, existe
una segunda línea de más
de 340 metros de muralla, que partía
desde las escaleras de 'Barri-cuenca',
donde se encuentran los únicos
restos de tres almenas almohades,
lo que nos indica que todo el recinto
amurallado era almenado como se
aprecia en un dibujo de 1563 de
Antón van der Wyngaerde;
formando algunos ángulos
que iban a cerrar con la primera
línea por el 'Palomar', posee
troneras de cañón,
construidos con piedra de sillería.
Antes de abrir las escaleras actuales,
un arco apuntado de ladrillo facilitaba
la entrada a dicho espacio, arco
que todavía se puede contemplar
al pie de las escaleras, en la misma
calle de la Virgen de las Nieves.
Fuera de la población, en
su término, había
también puntos avanzados
de vigilancia y defensa principalmente
por la parte del NE. a SW. Estas
Atalayas estarían a media
legua una de otra, con sus castillos
y casas fuertes, donde se recogían
los guardas, por ser esta tierra
de grandes y continuas incursiones
de moros de Granada, Murcia y Valencia,
algunos quedan fuera de Chinchilla
por la división de su término,
así los Castillejos en Hoya
Gonzalo, La Graja, y otros puntos
de Alpera, Higueruela con sus restos
del Castillo, el cerro de Maynetón
en Fuenteálamo, el del Almorchón
y Molino de Chinchilla, y en las
sierras de Mercadillos y Hontalafia,
en el término de Albacete,
conocidos por la tradición
oral con el nombre de 'obras del
tiempo de los moros'.
En el recinto amurallado
se abrían las puertas de
la ciudad, que en su origen fueron
tres, la 'Herrada o de las torres',
la de 'Albacete o del caño'
y la 'Parrilla'. Posteriormente
se abrieron la puerta de Diablos
y Tiradores y la puerta Nueva o
de la Libertad. También existían
varios portillos en la cerca o muralla,
que se abrían o cerraban
según las necesidades del
momento, como el llamado portillo
del 'Agujero', en las actuales cuevas
del mismo nombre. La Puerta Herrada,
de estilo califal de finales del
siglo X y principios del XI, era
el principal acceso a la ciudad,
y constaba de dos torreones, desembocando
en la plaza, también de época
medieval. Uno de los machones aún
se mantiene en pie en la plaza de
Pilar. La Puerta de Albacete o del
caño, es una de las más
antiguas, aparece mencionada antes
del siglo XV, situada al oeste-noroeste,
era un acceso trasero y difícil
de la ciudad, aunque podían
llegar los carros, mediante una
rampa de mampostería que
venía desde el Pilar Salobre
o Baños, actual subida a
la Montera. Se reaprovechó
un acceso natural que ya en época
romana ascendía desde el
cercano pozo de Balazote o calzada
romana. También se tenía
acceso desde la Peña Rodelguera
o 'zorrera', solo para caballerías.
La Puerta Parrilla, mencionada ya
en época de los Reyes Católicos,
ubicada al sur-oeste, en los límites
de la jurisdicción del castillo,
de su rampa de mampostería
todavía quedan restos y,
aún siendo de difícil
acceso, podían llegar incluso
carruajes desde la ermita de San
Antón. La Puerta de Diablos
y Tiradores, de los siglos XIV-XV
tiene un aspecto de fortín
y vanos en saeteras, se accede por
un arco de medio punto con una entrada
acodada al núcleo habitado,
con una rampa escalonada, que solo
permite el acceso a personas y cabalgaduras.
Por último, la Puerta de
la Libertad o Nueva, situada en
la actual calle de la Virgen de
las Nieves, daba entrada por el
muro a la plaza mayor, siendo la
más moderna de todas las
citadas, se abrió a mediados
del siglo XIX, al parecer después
de la invasión francesa.
Por un portillo anexo que tenía
a su izquierda, se accedía
a Barricuenca, por las actuales
escaleras excavadas en la roca.
También existieron accesos
más pequeños en la
cerca o muralla, llamados portillos
o postigos, que se abrían
o cerraban según las necesidades
del momento.
El Castillo actual fue edificado
por Juan Pacheco, su fábrica
de tapiera costreada de mezcla de
cal y canto envuelve los cimentos
de piedra viva remozándolos,
de planta poligonal con paños
de sillarejo, zunchos y boceles
decorativos de sillar, sobre los
que se puede apreciar alguna tronera
de ojo de llave. Su perímetro
de 209 metros es protegido por un
muro almenado y trece torreones
o caballeros salientes y circulares
con troneras de cañón
cubiertas, en sillar y sillarejo,
que originariamente serían
más altas que las actuales.
Esas cortinas encuadradas por grandes
cubos o torreones cilíndricos
bastante salientes permitían
el tiro de flanqueo. Destaca el
arco de entrada de medio punto adovelado
y flanqueado por dos magníficos
baluartes con cornisas y decoradas
con sendos escudos del Marqués
de Villena, Juan Pacheco.
En su interior se construyeron
dos aljibes, la torre del Homenaje,
edificios para caballerizas y guarnición,
un horno de pan cocer y otros edificios
auxiliares, quedando en el centro
el patio de armas, y por último
circunvalando exteriormente a la
fortaleza el foso. Uno de los aljibes,
el mayor, excavado en piedra caliza
y con boca de sillería rectangular
cubierto con una rosca de ladrillo
y con una capacidad de 10.206 pies
cúbicos de agua de lluvia,
estaba situado subterráneamente
en el patio de armas; el otro, de
menor capacidad se encontraba ubicado
bajo la torre del homenaje. La Torre
del Homenaje, la mayor de la región,
que podría reconstruirse
en su totalidad siguiendo los planos
que se conservan del siglo XIX,
dejando de mostrar ese perfil de
fortaleza achatada, cuando el empaque
visual que daría superaría
al castillo de Almansa o a la torre
vigía reconstruida casi desde
sus cimientos del castillo de Alcalá
del Júcar. Situada en el
extremo N. del recinto del castillo
se construyó en piedra de
sillería, de planta cuadrada
de más de 40 varas de altura
(33'3 metros) y sobre 10 varas (8'34
metros) de lado por su ángulo
norte, con un refuerzo macizo de
4 varas (3 metros ) en el ángulo
norte, que la preservaba de los
proyectiles, haciéndola resbaladiza
a la derecha e izquierda para que
no la penetrasen como se demostró
en 1812. Estaba compuesta de dos
estancias superpuestas y una terraza
almenada con matacanes, presentando
en su exterior refuerzos macizos
y una estructura sobrepuesta esquinada,
lo que le hacía presentar
diez lados y seis esquinas o ángulos
a la parte sur. El acceso se
realizaba
por una escalera exterior hasta
el piso principal llegando a la
"Sala de los Secretos",
así llamada por el efecto
acústico de su bóveda
gótica con nervaduras, porque
aplicado el oído en cualquiera
de sus rincones se oían con
claridad las palabras pronunciadas
en voz baja en la abertura del ángulo
opuesto. Sobre esta, otro aposento
al parecer con bóveda de
cañón al que se accedía
por una escalera desde la mencionada
'Sala de los Secretos', y por dentro
de este segundo cuerpo de edificio
seguía la escalera hasta
la terraza, que con barbacana almenada
y matacanes aparecía como
cubierta, cuyas aguas de lluvia
bajaban encañadas a la cisterna
o aljibe.
Tras la destrucción
de la misma, durante la Guerra de
Independencia, se reconstruyó
el castillo, bajo la dirección
del oficial de ingenieros, sr. Herrera,
quien construyó troneras
para cañones, y mirando al
norte, alzó un edificio cuartel
y otros destinados a almacén,
cocina y horno de pan cocer. También
adecuó el aljibe de la antigua
torre del Homenaje, para almacén
de pólvora. El foso, excavado
a fuerza de pico en roca caliza
con escarpa y contraescarpón,
se mantiene completo y sorprende
por su anchura de diez metros y
una profundidad de más de
20 varas de ancho por arriba, y
una o dos varas por debajo con una
profundidad de al menos 6 metros,
y sobre 25 metros de profundidad
desde el glacis o piso del castillo
"roquero", dándole
un carácter inexpugnable.
Bordea la redonda de todo el castillo
y se cruzaba por dos puentes de
madera.
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